Hay más de 250 millones de inmigrantes internacionales, y el número de refugiados y personas desplazadas por la guerra y los conflictos, los desastres naturales y el cambio climático se encuentra en los niveles más altos jamás registrados.

Las necesidades del sector sanitario se han intensificado y se han convertido en una crisis humanitaria, puesto que, en muchos casos, las personas ya no tienen acceso a los medicamentos, las instalaciones y los servicios que necesitan, como los métodos anticonceptivos o la asistencia prenatal. El desplazamiento de la población también aumenta el riesgo de explotación y violencia sexual, lo que provoca lesiones, infecciones, embarazos no deseados y traumas psicológicos.

La FIGO aboga por concentrarse más en la salud y el bienestar de las mujeres y niñas refugiadas e inmigrantes y, al hacerlo, llama la atención sobre el hecho de que sus necesidades sanitarias específicas no cambian cuando se desplazan.

En un mundo en el que la inmigración aumenta cada vez más, incluso en la propia comunidad sanitaria, la FIGO se ha comprometido a garantizar que se aborden los retos de equidad sanitaria a los que se enfrentan las mujeres en la crisis de los refugiados.