Cada día mueren unas 830 mujeres por complicaciones evitables relacionadas con el embarazo y el parto, como la preeclampsia, la septicemia y la hemorragia posparto.

Casi todas las muertes maternas se producen en lugares en los que las mujeres carecen de acceso a asistencia prenatal durante el embarazo, tratamiento especializado durante el parto y atención y apoyo en las semanas posteriores al parto. El riesgo es mayor en el caso de las adolescentes de 15 años o menos, así como en el de las mujeres que viven en comunidades pobres o rurales.

Entre 1990 y 2015, los esfuerzos internacionales ayudaron a reducir la tasa de mortalidad materna en un 44 % en todo el mundo. Sin duda, esto supuso un enorme logro, pero todavía falta mucho por hacer.

La FIGO ha adquirido el compromiso de garantizar que se satisfagan las necesidades de salud específicas de las mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio.

Desde una nueva definición del personal sanitario cualificado que presta atención durante el parto hasta recomendaciones sobre las requisitos del personal, la lucha contra la preeclampsia y el enfrentamiento a la «epidemia» mundial de cesáreas, estamos convencidos de que la estrecha colaboración de los obstetras y ginecólogos con las parteras, las enfermeras y otros profesionales sanitarios es la mejor manera de mejorar los resultados para todas las mujeres.

Nuestros proyectos abordan algunas de las causas fundamentales de la morbimortalidad materna, incluido el logro de la salud y los derechos sexuales y reproductivos. Como miembro de la Junta de la Alianza para la Salud de la Madre, del Recién Nacido y del Niño (PMNCH) y comprometidos con la estrategia Every Woman, Every Child (Cada Mujer, Cada Niño) de las Naciones Unidas, compartimos las prácticas óptimas y abogamos para reducir la mortalidad materna.